No hace falta un proyecto de dieciocho meses. Se trata de ordenar lo que ya tenéis, conectar las herramientas que no se hablan entre sí, automatizar lo que se repite y dejar al equipo tiempo para lo importante.
Suele merecer la pena cuando se da alguna de estas situaciones:
Es un término muy usado. Así lo entendemos nosotros.
Añadir herramientas suele cambiar el problema de sitio. Es habitual que sobren herramientas, no que falten.
Mirar qué hace cada herramienta, qué procesos sobran, dónde se pierde la información entre una y otra, y decidir qué se queda, qué se va y qué hace falta construir nuevo.
Una pyme no puede parar el negocio para transformarlo. Y el riesgo de un proyecto cerrado largo es que llega tarde a un negocio que ya cambió mientras se ejecutaba.
Cada fase resuelve algo concreto del día a día. El negocio sigue funcionando con normalidad mientras tanto.
Un informe con recomendaciones sirve de poco si la implementación se queda en tu mesa y no hay nadie técnico para hacerla.
Auditamos, decidimos, construimos y nos quedamos hasta que el resultado está vivo en tu operación. El soporte continuo es opcional, no obligatorio.
Cada proyecto combina dos o tres de estas áreas, según el caso. No hay paquetes cerrados.
El punto de entrada habitual. Mapeamos procesos, sistemas, riesgos y prioridades. Sin auditoría no hay propuesta seria.
Las tareas que se repiten todas las semanas dejan de hacerse a mano. Pasan al fondo, sin que el equipo tenga que pensar en ellas.
Cuando el software estándar no encaja, construimos lo justo, no más. Dashboards, portales internos, bases de datos operativas.
Email, cloud, dominios, backups, monitorización, seguridad básica. Lo básico para que el negocio funcione cada día.
La primera llamada, de media hora, es gratuita: nos cuentas qué os está frenando y, si vemos que podemos ayudar, te enviamos una propuesta para la auditoría inicial.
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